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Editoriales | 3

Por la preservación de los ecosistemas y biodiversidad de nuestros bosques amazónicos y el desarrollo de sus poblaciones

Hoy 26 de junio se celebra el Día Internacional de la Preservación de los Bosques Tropicales y es una nueva oportunidad para poner una voz de alerta por el estado de degradación de uno de los ecosistemas que alberga la mayor biodiversidad en el planeta. Esta afectación pone en peligro los innumerables servicios ecosistémicos y recursos naturales que proveen los bosques tropicales —en nuestro caso la Amazonía—, y que pone en riesgo a las poblaciones vulnerables que allí viven, poblaciones que aportan una diversidad cultural aun poco conocida.

Esta situación, se hace más compleja y más preocupante en el contexto actual de una nueva pandemia, de una envergadura antes no conocida.

El Informe de Evaluación Global de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (mayo 2019) señala que entre los años 1980 y 2000 se devastaron 100 millones de hectáreas de bosques tropicales en todo el mundo, y 42 millones de ellos desaparecieron en América Latina.

Señala también que las tendencias negativas actuales en la degradación de los ecosistemas y disminución de la biodiversidad socavan el camino del 80% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Agenda 2030); involucrando de manera especial a las metas relacionadas con: la pobreza, el hambre, la salud y el bienestar, el agua, las ciudades, el clima, los océanos y la tierra (ODS 1, 2, 3, 6, 11, 13, 14 y 15).

Entre las principales causas de la deforestación y también de la contaminación, está el conflicto entre, como lo señala Marc J. Dourojeanni, “una porción considerable [de personas] que necesita o sabe que necesita del bosque; y una porción también grande que necesita o prefiere eliminar el bosque para desarrollar otras actividades”.  El desafío de lograr un equilibrio entre los que viven del bosque o pretenden mantenerlo y aquellos que deben reemplazarlo, sólo se logrará cuando el bosque sea tan o más rentable que la agricultura y la ganadería. “Ese día aún no ha llegado y, la gran esperanza, es que eso suceda cuando a los usos actuales se sumen las oportunidades nuevas alrededor del pago o compensación por servicios ambientales, en especial la fijación de carbono, pero también otras formas de valorizar el bosque por lo que es y no sólo por lo que se [extrae] de él.”

Encontrar un equilibrio entre estos diferentes intereses pasa por conocer mejor el alcance de los servicios ecosistémicos, del papel que juegan los diferentes actores y también por encontrar modelos de gestión que involucren a todos los actores.

La crisis sanitaria por la que hoy atravesamos, no hace sino poner en relieve estas dificultades, al hacer más vulnerables a quienes viven del bosque. En este camino, como lo señalan varios de nuestros investigadores, es muy importante involucrar al tejido vivo de las organizaciones indígenas de la Amazonía.

El Perú es el cuarto país con más bosques tropicales del planeta y, según el MINAM, cubren cerca del 53,9% de nuestro territorio. Esto nos hace, como país, tener una gran responsabilidad en su conocimiento, investigación, preservación y en promover una gestión que incluya, de manera informada y equitativa a todos los actores.

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