Revista Kawsaypacha
06 de Junio de 2023

El Niño Costero: ¿están las viviendas de nuestras ciudades preparadas para eventos climatológicos extremos?

Fuente: EPA

Texto: Daniel Contreras Zuloaga

Los estragos causados por el Fenómeno de El Niño Costero han evidenciado la vulnerabilidad de la infraestructura de nuestras áreas urbanas a los desastres naturales. Conversamos con el investigador del INTE-PUCP, Martín Wieser, sobre las medidas que se podrían adoptar para mejorar la resistencia de las viviendas en la costa peruana hacia eventos meteorológicos extremos como olas de calor o lluvias torrenciales. 

El actual Fenómeno del Niño Costero es el más intenso que sufre nuestro país desde 2017. Este evento, sumado al impacto del atípico ciclón tropical Yaku, ha dejado hasta ahora como saldo más de 60 mil personas damnificadas y 99 fallecidos, y ha causado daños a alrededor de 171 mil viviendas. La región de la costa norte ha sido la más afectada. 

La intensidad de las lluvias torrenciales y las inundaciones asociadas a El Niño han vuelto a poner en cuestionamiento el nivel de preparación de la infraestructura peruana para soportar fenómenos climatológicos extremos. Este tipo de eventos, junto con sequías y olas de calor, probablemente se volverán más comunes a medida que el Cambio Climático se acelera y el planeta supera el umbral del aumento de 1.5ºC en la temperatura media antes de lo esperado.

Este potencial escenario futuro pondrá a prueba la resiliencia de las viviendas de la costa, región que alberga a casi dos tercios de la población peruana y que por lo general goza de un clima relativamente suave donde los extremos son poco comunes. 

Fuente: El Comercio

Ciudades vulnerables

“Las experiencias con anteriores eventos similares, remontándonos a ElNiño del 1982-1983 hasta el del presente año, nos indican que no estamos correctamente preparados”, señala Martín Wieser, investigador del INTE-PUCP y experto en temas de confort térmico y lumínico en edificaciones.  

El arquitecto explica que en las ciudades peruanas predominan dos tipos de vivienda: las tradicionales de adobe y barro, y las más contemporáneas hechas de ladrillo. Ambas presentan serios problemas. En el caso de las primeras, producto de la falta de mantenimiento suelen tener grietas y rajaduras, y son vulnerables a filtraciones en los techos tras lluvias copiosas. En contraste, las viviendas más nuevas son más resistentes a la lluvia, pero tienen dificultades para regular el calor debido a su estructura más ligera. Por lo tanto, resultan prácticamente inhabitables durante las noches en términos de temperatura.

Para Wieser, es importante que se tomen medidas radicales para enfrentar este déficit cualitativo de viviendas en las áreas urbanas del país. En particular, el investigador resalta la necesidad de planificar cuidadosamente el crecimiento de las áreas urbanas. 

Es común que al expandirse la ciudad no se considere si las zonas nuevamente ocupadas son propensas a inundaciones o si existen riesgos de activación de quebradas. Un ejemplo de esto ocurrió en Piura, donde áreas urbanizadas recientemente resultaron inundadas debido a la falta de previsión.

“Las personas suelen elegir los lugares donde asentarse según un criterio de comodidad en términos del acceso a la movilidad y servicios, o su cercanía a centros urbanos”, sostiene el arquitecto. “Ello conlleva a que a veces ocupen lugares de alto riesgo, y una vez que han construido no tienen voluntad alguna de retirarse debido a que ya han hecho una inversión”, añade. Este problema se agrava debido a la poca disposición de los políticos locales a resolver la situación, pues priorizan ante todo la obtención de votos. 

“En ese sentido, lo ideal es una respuesta rápida por parte de las autoridades. La reubicación es mucho más costosa cuando ya se han construido casas, por lo que la planificación es lo más rentable en términos económicos y de impacto en la comunidad”, sentencia Wieser.

Fuente: GEC

Informalidad rampante 

Según la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco), el 80% de las viviendas en Perú son construcciones informales. En las áreas periféricas de las ciudades, esta cifra se eleva al 90%.

De acuerdo con la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios del Perú (ADI), solo en Lima se autoconstruyen alrededor de 50 mil viviendas informales anualmente. Aunque la mayor parte de reportes giran en torno a la vulnerabilidad de estas edificaciones en caso de eventos sísmicos, su condición también las hace precarias frente a otros desastres naturales y las altas temperaturas. 

“Al no contar con estudios técnicos estas viviendas no siguen las normas, como aquellas que exigen ciertos estándares mínimos de ventilación”, precisa Wieser. 

Fuente: Alessandro-Currarino-GEC

Infraestructura deficiente

En caso de lluvias torrenciales, el principal riesgo radica en cómo las viviendas direccionan el agua. Una vez que se evacúa del techo, generalmente se dirige hacia una canaleta. Sin embargo, en algunos casos, no hay sistema de desagüe y la mayoría de las veces no hay alcantarillado disponible. “Muchas veces esto ocasiona que el agua termine yendo a la escalera o el pasaje del costado. En eventos como El Niño, esto podría llevar a inundaciones en los barrios”, sostiene el arquitecto. 

De acuerdo con Wieser, un techo correctamente diseñado y con una buena impermeabilización en la parte superior no debería suponer un riesgo, siempre y cuando tenga una ligera pendiente. Sin embargo, de lo contrario y si carece de un sistema de drenaje, existe el riesgo de que el agua se acumule, lo que puede resultar en filtraciones lentas hacia el interior o incluso en un colapso en casos extremos.

“En Chiclayo y Trujillo hemos tenido precipitaciones que han superado los 20 litros por metro cuadrado. Para una casa de 100 metros cuadrados, esto representa casi dos toneladas tras una lluvia de unas horas. Si eso no se evacúa, evidentemente se trata de una sobrecarga que pone en riesgo a la vivienda”, explica el investigador. 

Respecto al calor, el arquitecto señala que es común que en áreas urbanas se experimenten temperaturas interiores significativamente más altas que las exteriores, lo cual no debería ocurrir en un buen diseño. Un factor que contribuye a ello es la proliferación de los techos de calamina, cuyo material delgado ocasiona que se calienten en exceso cuando reciben la luz solar directa.

Esto conlleva a que en situaciones donde las temperaturas veraniegas exceden considerablemente los valores normales, los interiores de construcciones livianas y de techo sin sombra y el peso adecuado para amortiguar el calor suelen ser muy incómodos, e incluso llegan a representar un peligro para la salud.

“Hemos hecho mediciones en viviendas precarias en zonas de laderas, y durante el día sus interiores pueden llegar a los 37 grados. Estas temperaturas pueden llevar a golpes de calor y poner en riesgo la vida de los infantes y los ancianos”, afirma Wieser. 

Recomendaciones

En ese sentido, para prepararse ante la probabilidad de veranos más calurosos y con potencial de lluvia en la costa, el arquitecto destaca tres aspectos clave que deberían reforzarse en las edificaciones: una adecuada ventilación, un efectivo sombreado y el uso de materiales que no sean demasiado ligeros. 

“Una buena vivienda para el verano debe contar con una adecuada ventilación cruzada, es decir, permitir la entrada y salida de aire. El ingreso de aire se logra a través de la fachada, mientras que la salida de aire se realiza mediante ductos”, señala Wieser. “Sin embargo, en las nuevas zonas de Lima, es cada vez más común prescindir de los ductos de ventilación para aprovechar al máximo el espacio útil. Esto puede resultar en la incapacidad de lograr una ventilación cruzada adecuada”, añade. 

Por el lado del sombreado, el investigador recalca la importancia del arbolado urbano en puntos cercanos a las viviendas, así como la existencia de alternativas económicas como los toldos y las mallas raschel.  

Asimismo, Wieser reafirma la necesidad de contar con techos a prueba de filtraciones y con un drenaje adecuado para proteger a las edificaciones de las lluvias torrenciales, y recomienda la construcción de sistemas de alcantarillado y bombeo eficientes para evacuar el agua, sobre todo en zonas fácilmente inundables. También propone reducir el uso de asfalto y concreto para evitar inundaciones, y en su lugar favorecer la vegetación y los materiales porosos que permitan la filtración del agua.

Posibles soluciones

Para Wieser, lo más crucial es que en las nuevas edificaciones que se construyan o en las ampliaciones de las ya existentes se respeten ciertos criterios técnicos. “Nuestro Reglamento Nacional de Edificaciones proporciona información suficiente para garantizar el cumplimiento de las dimensiones de los ductos y las propiedades de los materiales”, sostiene. 

¿Y qué hacer con aquellas viviendas que se han construido de manera informal? Para el arquitecto, es evidente que una reconstrucción completa de estos barrios es poco viable. “Difícilmente vas a reubicar a millones de personas”, dice. Ante este contexto, sugiere que una revisión caso por caso es lo más realista. 

“Se debe evaluar la posibilidad de implementar ventilación y luz natural en función de los criterios técnicos. Si es factible, se puede considerar la demolición de ciertas partes de las viviendas para crear ductos. En caso contrario, se pueden explorar opciones como la creación de pequeños ductos de extracción de aire e inyección de luz mediante ductos solares”, explica. 

Finalmente, Wieser hace un llamado a las autoridades a dejar de lado el cortoplacismo para invertir en estrategias de prevención y mitigación.

“Se requieren políticas públicas y una gestión efectiva para abordar estas problemáticas. Prevenir siempre será más económico que tener que reparar posteriormente. Además, el Estado podría ofrecer subsidios o préstamos para impulsar, motivar y facilitar estas iniciativas”, concluye el investigador.

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