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#NotaPrensa | Vulnerabilidades de las ciudades en tiempos de crisis sanitaria y crisis climática

La crisis sanitaria que vivimos hoy, en el marco de la crisis climática global, está obligando a repensar las ciudades, como Lima o Buenos Aires. Estas grandes megápolis, en su proceso de conformación, se pensaron aisladas, centradas en sí mismas, sin tener una mirada más global en sus interrelaciones con todo el territorio. Y su forma de crecimiento ha estado marcada por la segregación y desigualdad en la distribución de los servicios. Esta realidad nos ha “saltado a la cara” con la crisis de la pandemia del Covid-19, al evidenciar las dificultades que tienen para que la atención médica y sanitaria, y los servicios esenciales como el agua potable, el gas, la electricidad, lleguen a toda la población de manera equitativa y democrática.

Esta es una de las reflexiones con las cuales se inició el Conversatorio “Repensar la ciudad en el marco de la crisis climática y sanitaria”, realizado el 9 de julio con la participación de Melina Tobias (Universidad de Buenos Aires), Susel Biondi (PUCP), Pablo Vega Centeno (PUCP) y Martín Wieser (INTE-PUCP).

Referidos al proceso de crecimiento urbano, se hizo referencia a lo complejo que es afrontar la especulación urbana. El suelo, que es un recurso escaso, se concibe como superficie ocupable, donde la especulación gana la batalla y el precio que tiene como suelo urbano se impone ante el del uso agrícola; y se ocupa sin atender a las múltiples relaciones que en este se juegan, sintetizó Martín Wieser.

Hay que tener una mirada integral a las dinámicas y relaciones entre las áreas urbanas y rurales.

Ojalá que esta crisis, anotó Pablo Vega-Centeno, nos haga mirar los territorios rurales y su relación con las áreas urbanas con otros ojos, no como recurso sino como ecosistema, tal como lo asume la cultura campesina. La única manera de blindar estas áreas ante el negocio inmobiliario, es que entendamos el valor estratégico nacional de los pocos espacios agrícolas, que, en el caso del Perú llega a solo es el 5% o 6% del territorio nacional.

Melina Tobias, desde su experiencia como investigadora de la ciudad de Buenos Aires anotó que esta megápoli se ha ido expandiendo sobre humedales (zonas que permitían amortiguar las precipitaciones), lo cual, aunado a la deforestación, está generando escenarios de riesgos ante los fenómenos extremos productos del cambio climático; ejemplo de ello son las últimas inundaciones. Esto exige que la planificación urbana tenga en cuenta las áreas que sirven de amortiguamiento y mayor conciencia de la relación rural-urbano.

Sobre el acceso al agua y saneamiento, todos reconocieron que es un tema central. Ya que “dependemos del agua no solo para el consumo, también es el principal recurso, en el Perú, para la producción de electricidad. Por tanto, dependemos de ella para el consumo y la energía, dos recursos que son la base transformadora para cualquier otro”, acotó Susel Biondi.

En el caso del área metropolitana de Buenos Aires, comentó Melina Tobias, “la cobertura es del 75% en agua y 56% en saneamiento; pero si uno disgrega estos datos, es en las villas o asentamientos en las zonas periféricas del aglomerado urbano donde hay donde se da la menor cobertura y donde hay territorios donde el agua no llega”.

Esta crisis, anotó Susel Biondi, desde la perspectiva de la arquitectura, debe llevarnos a que, en el diseño de la vivienda, del barrio o de la infraestructura para los servicios urbanos, hay que tener en cuenta no solo lo visible sino también lo invisible:  analizar todos los impactos previos, toda la energía incorporada, los impactos en la extracción de recursos, sea aquí o en la China y toda la emisión de residuos, manejo de territorio. Hay que aprender a diseñar teniendo esta mirada integral. Comentó además que hay que volver a la escala del barrio y hacer una ciudad más “próxima”: al comercio cercano, a una ciudad caminable; a que la bodega de la esquina sea preferida al centro comercial.

Pero hay que tener en cuenta también, que el trauma de la pandemia puede exacerbar una lógica individualista, que lleve a que el que tiene poder adquisitivo demande espacios urbanos más exclusivos y segregados, en nombre de la prevención del contagio. “O agravamos los individualismos o comenzamos a reconocer el valor de la lógica de colectividades. Pero somos nosotros los que tomaremos un camino”, acotó Pablo Vega-Centeno.

Estos desafíos plantean un gran reto para quienes formamos a los futuros urbanistas y arquitectos, no es que haya falta de planificación, sino que lo que se requiere son los “ojos”, la mirada, la perspectiva, el enfoque desde el cual se diseña, se acotó.

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